Desarrollar competencia emocional,mediante el cultivo de habilidades para estar conscientes de los estados corporales, emocionales y anímicos propios y de los equipos como ámbitos de intervención transformadora.
Desde la óptica de la biología del conocimiento, nuestra emocionalidad (emociones y estados de ánimo) es una disposición fisiológica que define el espacio de lo que nos es posible en un momento dado, y por ende nuestras posibilidades de acción. El conocimiento y conciencia de nuestro propio cuerpo es en este contexto una clave para la acción eficaz, el bienestar y la fortaleza emocional y espiritual.
Consideramos a las emociones como predisposiciones fisiológicas que resultan como reacción frente a un hecho puntual (como el enojo, la tristeza, el miedo, la alegría, etc.) que dispara un determinado juicio, por eso decimos que son reactivas. Podemos decir que hay tres estadios respecto a la emergencia de la emoción. Al primero de ellos podemos llamarlo de evaluación en el cual construimos un juicio o valoración de nuestra circunstancia. Esta evaluación genera un segundo estadio que es el del impulso emocional, que es el que encontramos asociado a manifestaciones fisiológicas y que puede producir lo que Daniel Goleman denomina secuestro emocional. Este es un estado en el cual nuestros impulsos mas primarios dominan nuestra conducta. Esto lleva al tercer estadio, que es el de la acción.
En los últimos años, la ciencia está estudiando más en profundidad el mundo emocional y la conciencia humanas y ha revalorizando las disciplinas orientales milenarias como la meditación budista y otras prácticas contemplativas. Recientemente se han desarrollado estudios que ponen en evidencia su poder de transformación emocional sobre las personas que las practican. Los occidentales tenemos un verdadero tesoro de saber pragmático en esas antiguas prácticas, en tanto prácticas de desarrollo de la conciencia y de la vinculación profunda entre los dominios corporal, emocional y mental. Debemos aprender a desarrollar conciencia del origen de nuestras emociones para poder actuar con la emoción, no dominado por ella, abriendo un espacio de reflexión acerca de los juicios e interpretaciones que subyacen a dicha emoción.
El desarrollo de la competencia emocional implica desarrollar formas prácticas de relacionarse con los estadios de evaluación, impulso y acción vinculados a la emoción. Cuando no podemos dar un curso efectivo y productivo a nuestras emociones, éstas pueden dar lugar a estados de ánimo predominantes y finalmente en rasgos de temperamento mas cristalizados. Los estados de ánimo, a diferencia de las emociones, son disposiciones de carácter holístico, que colorean nuestro horizonte de posibilidades (por ejemplo, resentimiento, resignación, aceptación, etcétera).
En este dominio es importante mencionar la importancia del aporte de Daniel Goleman al desarrollo de la comprensión y competencia en el terreno de la biología y la emocionalidad. Las emociones como los estados de ánimo tienen un carácter lingüístico por lo que podemos transformarnos en arquitectos de nuestra emocionalidad mediante su reconstrucción lingüística (competencia emocional).
Para un líder es importante adquirir fortaleza emocional, especialmente, frente a las situaciones de incertidumbre y de riesgo que asume.

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